El trabajo es la condena de Dios; y la jubilación su perdón.
Una joven, amiga de la familia, me decía hace unos días que estaba agotada y necesitaba cogerse unas vacaciones para descansar y reponer fuerzas. No le faltan motivos para lamentarse: trabajadora a jornada partida, madre de un bebé y ama de casa (con independencia de cómo ella y su marido se repartan las labores domésticas), es normal que, más de medio año después, en su cuerpo, en su memoria y en su instagram no quede ya ningún efecto o vestigio de las vacaciones del verano pasado. “Yo -le contesté cuando ella se interesó por mí-, la verdad es que cansado, lo que se dice cansado, no; lo que yo estoy es harto de trabajar”. Algo que, como el cansancio, también produce agotamiento, aunque de otra naturaleza. El agotamiento por cansancio es a una batería de litio lo que el agotamiento por hartura lo es a una pila alcalina. Esta última no admite recarga. Obviamente, no es lo mismo estar cansado de trabajar que estar harto de trabajar.
La hartura es el grado superlativo del cansancio. Es el agotamiento por hastío.
Ya no te cansa el trabajo sino tener que trabajar; y no piensas tanto en descansar como en dejar de trabajar, que no es exactamente lo mismo. Y este pensamiento acaba convirtiéndose en el sueño del currito de a pie, del trabajador por cuenta ajena, en los últimos años de su vida laboral, cuando la jubilación (o prejubilación) deje de ser una quimera de juventud. El currito de a pie ya no aspira a ser más de lo que ha llegado a ser, ni al ascenso profesional, ni a la subida salarial. En su cambio de actitud no hay frustración, abandono o desencanto, sino lucidez, clarividencia y discernimiento. El currito ha entendido que el tiempo lo es todo y no dura nada.
Es su descubrimiento del más caro de todos los capitales del acervo de la vida: el tiempo. Y no habrá otra cosa que pueda desear más desde entonces que llegar a ser el poseedor de su propio tiempo, que su tiempo sea suyo de verdad.
¿Y cuál es la manera de conseguirlo? Ya lo he dicho, la jubilación (o prejubilación). Un nuevo estado que nuestros curritos de a pie, nuestro José Luis, nuestro Paco y nuestros dos manolos, herederos de su trabajo, disfrutan ya; nuevo estado del que nosotros nos alegramos; y nuevo estado por el que sus compañeros le hemos rendido con todo el cariño del mundo nuestro pre-homenaje de jubilación, como puede verse en este reportaje.
Un nuevo estado que yo sólo me lo puedo imaginar.
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| A LA HORA DE COMER. A esa hora, que ni siquiera la marca el reloj astronómico del ayuntamiento de Praga, pero tan cabal y fácil de entender para cualquiera de nosotros, habíamos sido citados los invitados a la comida-homenaje. |
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| Volvíamos a repetir escenario para un acto así: Los Jardines del Naranjo. También como en alguna que otra ocasión anterior, la responsabilidad de la organización recaía sobre los hombros de Alfonso Barrios y José A. Pérez, a quienes transmitimos el agradecimiento y la felicitación de todos los asistentes. |
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| En lo gastronómico, el evento comenzaba con unos aperitivos, que fueron ofrecidos en el exterior del restaurante. Hacía el calor propio de un invierno tan impropio como este. |
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| En lo social, el momento de los aperitivos sirvió para los saludos, reencuentros de viejos amigos y alguna que otra presentación, mientras nos tomábamos la primera cerveza del día. |
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| Luego, un rato después, pasamos al salón de celebraciones, donde tomamos asiento en las mesas montadas para la comida. |
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| Los cuatro prejubilados, objeto de nuestro homenaje, ocupaban la mesa presidencial: Manolo, Manolo, Paco y José Luis. |
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| Mesa compartida con las homenajeadas-consorte: Mª Angeles, esposa de José Luis; Mª Teresa, de Paco; Auxi, de Manolo Pérez; y Pilar, de Manolo Belloso. |
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| Antes de que se sirviese el primer plato, me di una vuelta por el salón para capturar los diferentes grupos de comensales que se habían formado en torno a cada una de las mesas montadas para la comida. |
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| Entre plato y plato, hice otra batida fotográfica para recoger algunos momentos de la celebración. En ésta, Alfonso ejerce de anfitrión ante dos de los homenajeados. |
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| Paco Cabello y Toñi, su esposa.. |
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| Aurelia y Juan Muñoz, su marido. |
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| Ramírez, al fondo, Martínez, a la derecha, y Porcel, de espaldas. |
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| Y siguen más robados y posados de la comida, ahora sin comentarios. |
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| Alfonso con su mujer, Rosa. |
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| A los postres, como suele decirse, José Antonio, escoltado por Alfonso, tomó la palabra para iniciar el homenaje en sí a nuestros últimos compañeros prejubilados. |
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| Para evitar muchos pies de foto, que puedan acabar aburriéndoos, diré que los presentes que se entregaron a nuestros invitados fueron un cordobán con el escudo de Córdoba, un silbato de circulación bañado en oro, el expediente laboral de cada uno de ellos, un cheque-regalo de 100 euros y un pergamino con los nombres de los que han participado en los regalos indicados. Os dejo con las fotos de toda la entrega. |
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| Manolo Belloso nos dedicó unas palabras de agradecimiento tras recibir sus presentes. |
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| Paco Torrico también nos dijo algo después de recibir sus recuerdos. |
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| El turno de oratoria lo continuó José L. López, que también tuvo sus palabras de cariño y agradecimiento hacia nosotros. |
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| Y, por último, Manolo Pérez también ocupó la imaginaria tribuna de oradores para decirnos algo, en ese estilo tan suyo, que tan bien nos cae a todos. |
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| Las cuatro mujeres de los homenajeados recibieron sendos ramos de flores, con los que posaron para "Daideidaidei". |
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| Con las cuatro fotos siguientes, se han montado los calendarios que, los que veáis este blog en su versión web, encontraréis a la derecha de este artículo. |
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| Y tras el homenaje, propiamente dicho, no podía faltar un brindis por nuestros compañeros prejubilados. |
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| Después vinieron las copas, alargando la fiesta durante un buen rato más, en el que los asistentes pudimos departir yendo y viniendo de uno a otro de los diferentes grupos de tertulia que se iban configurando espontáneamente. |
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| Auxi posa con sus amigos Parra y su mujer, Ana, y con Conchi, la mujer de Ramírez. Creo que ya están hechas todas las presentaciones de la gente que vino de fuera y que alguno de nosotros no conociese con anterioridad. Ahora me callo, para que disfrutéis de las últimas fotos de aquella agradable y emotiva jornada que pasamos con motivo de la prejubilación de Manolo Belloso, Manolo Pérez, Paco Torrico y José L. López Arcas. |
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| HIJOS DE LA NUEVA CIRCULAR. Como nos veis, os vísteis,/como os veis, nos veremos. Ya sé que el verso no es así ni rima, pero es verdad; que diría el del chiste aquel. En todo caso, he aquí a otros cinco que también empiezan a estar ya un poco hartitos de trabajar. |
Las cien fotos que componen este artículo y alguna más, hasta un total de doscientas y pico, están a vuestra disposición en el sitio de que "Daideidaidei" dispone en Google Drive , donde podréis contemplarlas a través de los visores de imágenes de vuestros dispositivos móviles, ordenadores, Smart tv, etc. Además desde esa ubicación también podréis descargarlas o compartirlas con vuestros amigos y familiares. Aunque la resolución de las imágenes es más que suficiente para el uso que hoy en día se le suele dar a las fotografías, si precisáis alguna con mayor resolución, decídmelo y os la preparo gustoso en un santiamén. Por cierto, la nube donde están ubicadas, al igual que este blog, está oculta a los buscadores de internet, por lo que si queréis compartirla con alguien deberéis enviarle la URL completa. El alojamiento de la fotos en la nube no tiene fecha de caducidad; es decir, que siempre estarán alojadas allí a vuestra disposición.
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